Después de los juegos nocturnos nos recogimos dentro de la casa por miedo a ser agredidos por los vecinos con el síndrome esquizoide. Desde las ventanas de las casas colindantes nos observaban y no perdían detalle de nada. Se escuchaban susurros y gemidos de hembras en la oscuridad Talamanquil… Vaya!!! Pa cagarse!



12 Octubre, 2007 a 12:24 pm
jaja! Perfecta la caricaturización del muchachete