El hombre anumérico

«La probabilidad entra en nuestras vidas en una serie de modos distintos. A menudo, la primera vía la constituyen los artilugios aleatorios como los dados, las cartas y la ruleta. Luego nos damos cuenta de que los nacimientos, las defunciones, los accidentes, las transacciones económicas e incluso las personales admiten una descripción estadística. A continuación llegamos a la conclusión de que cualquier fenómeno lo bastante complejo, aún en el caso de que sea totalmente determinista,a menudo sólo podrá ser tratado mediante una simulación probabilística. Por fin, la mecánica cuántica nos enseña que los procesos microfísicos fundamentales son esencialmente probabilísticos.

No es sorprendente entonces que una apreciación de la probabilidad tarde bastante tiempo en desarrollarse. De hecho, dar la importancia debida a la naturaleza accidental del mundo es, en mi opinión, una señal de madurez y equilibrio. Los fanáticos, los creyentes auténticos y los fundamentalistas de toda clase, habitualmente no quieren tener nada que ver con algo tan débil como la probabilidad. Que se quemen en el infierno todos ellos por 10^10 años (es una broma), o que les obliguen a tomar un curso sobre teoría de la probabilidad.  En un mundo cada vez más complejo, lleno de coincidencias sin sentido, lo que hace falta en muchas situaciones no son más hechos verídicos —ya hay demasiados—, sino un dominio mejor de los hechos conocidos, y para ello un curso sobre probabilidad es de un valor incalculable.

Los test estadísticos y los intervalos de confianza, la diferencia entre causa y correlación, la probabilidad condicional, la independencia y la regla del producto, el arte de hacer estimaciones y el diseño de experimentos, los conceptos de valor esperado y de distribución de probabilidad, así como los ejemplos y contraejemplos más comunes de todo lo anterior, deberían ser más conocidos y divulgados. La probabilidad, como la lógica, ya no es algo exclusivo de los matemáticos. Impregna nuestra vida. Cualquier libro está motivado, por lo menos en parte, por la indignación, y este no es una excepción. Me angustia y aflige una sociedad, la mía, que depende tanto de la matemática y la ciencia y que, sin embargo, parece tan indiferente al anumerismo y al analfabetismo científico de tantísimos de sus ciudadanos; con un ejército que gasta más de un cuarto de billón de dólares anuales en armas cada vez más inteligentes para soldados cada vez peor instruidos; y con unos medios informativos que invariablemente se obsesionan con estos rehenes en un avión, o ese bebé que ha caído en un pozo, y que tratan con cierta tibieza problemas tales como la delincuencia urbana, el deterioro del medio ambiente o la pobreza. Me duele también el falso romanticismo inherente a la manida frase «fríamente racional» (como si «cálidamente racional» fuera alguna especie de contrasentido); la estupidez rampante de la astrología, la parapsicología y otras pseudociencias; y la creencia de que la matemática es una disciplina esotérica poco relacionada con el mundo «real». Sin embargo, la irritación con estos temas fue sólo una parte de mi motivación. Las discrepancias entre nuestras pretensiones y la realidad normalmente son bastante grandes, y como el número y el azar están entre nuestros principios de realidad últimos, los que tengan una idea clara de estos conceptos podrán ver estas discrepancias e incongruencias con mayor claridad, cosa que les hará más propensos al sentimiento de lo absurdo. En mi opinión, este sentimiento de lo absurdo de nosotros mismos tiene algo de divino, y por ello hay que mimarlo en vez de evitarlo. Nos da una perspectiva de nuestra, a la vez, insignificante y elevada posición en el mundo, y es lo que nos hace distintos de las ratas. Y hay que combatir cualquier cosa que nos rebaje al nivel de estas, incluido el anumerismo. Pero más que la indignación, la motivación principal del libro fue, sobre todo, el deseo de fomentar el sentido de la proporción numérica y la apreciación de la naturaleza irreduciblemente probabilística de nuestra vida.»
 John Allen Paulos. El hombre anumérico.

wikipedia :
-El hombre anumérico
-John Allen Paulos

email: paulos@temple.edu //johnallenpaulos@gmail.com
twitter: @JohnAllenPaulos
web: JohnAllenPaulos.com

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“El luto”: banderas y música.

El pasado fin de semana se anularon las actuaciones de noche de las Fiestas de Gràcia. El mismo jueves hubo muertes propiciadas por grupos fascistas y las administraciones decretaron 3 días de luto.

Las opiniones mayoritarias fueron a favor de decretar “luto” y creo que personalmente era lo esperado pero no comparto la gesticulación mayoritaria de la gente que se tranquiliza acallando la música de la calle y bajando las banderas de los edificios oficiales unos metros. No me interesan la banderas pero el gesto de anular únicamente los actos musicales de la calle me parece significativo.

Durante los días de luto la actividad comercial y social no se paralizó. La gente continuó trabajando, paseando, comprando en los comercios, sacando a sus perros, asistiendo al futbol, incluso a los dos días ya hubieron conciertos en salas privadas. Las emisoras de radio y las televisiones continuaron emitiendo programas donde también sonaba música. La gente continuó usando la radio del coche, utilizando sus CD, el Spotify. No cabe decir que todas las emisoras dedicadas al mainstream musical continuaron con sus emisiones. Por tanto, esos  tres días de “luto” consistieron únicamente en silenciar la música colectiva en el ámbito público, sin más.

El vídeo de poco más de 10 minutos relata el fenómeno musical de un grupo indeterminado de gente que conserva lo que hemos perdido y que somos incapaces de recuperar.

 

 

 

 

 

Giorgio Agamben sobre Tiqqun

Conferencia del filósofo Giorgio Agamben sobre Tiqqun. Traducción de Alfredo Borroso. Subtítulos de Acuarela.

Tiqqun es el nombre que identifica unos textos publicados en dos revistas por un grupo de pensadores franceses entre el 1999 y 2001.  En castellano han aparecido varios artículos largos en formato libro como “Teoría del Bloom”, “Introducción a la Guerra Civil” o “Una metafísica crítica podría nacer como ciencia de los dispositivos”.

El conocimiento público de los textos de Tiqqun fue provocado por las detenciones de nueve personas en un pueblo francés y entre las cuales estaba el activista Julien Coupat. Conocidos como “los nueve de Tarnac” fueron acusados de terrorismo y encarcelados sin ninguna prueba por el gobierno francés.

El texto está incluido en “La Hipótesis Cibernética”, de Tiqqun (publicado en Acuarela Libros, 2015).