Anòmia: descoberta d’estiu

En èpoques de molta feina quant només he tingut temps de respirar els caps de setmana, anava els diumenges al Mercat de Sant Antoni amb un bitllet o dos de 20€ (a vegades amb un de 5 €) a la caça de llibres. Moltes vegades trobava coses molt barates, i per 1 o 2€ podia comprar algún títol dels que jo anomeno joies.Fa uns dies que porto llegint un d’aquells llibres dels que ocupa espai a la meva petita biblioteca. Em va costar poc més d’1€. El títol del llibre és “La incomunicación” i l’autor és un neuro-psiquiatra gadità anomenat Carlos Castilla del Pino. L’assaig descriu la incomunicació desde una fenomenología sociològica,  i no pas psicològica i amb una profunditat i claretat assagística difícil de superar. Per cert, la portada és de l’Enric Satué

Com a exemple us transcriuré la definició que el mestre Castilla del Pino suggereix al terme anòmia, a veure si coneixeu algú que ho pateixi:

“…En última instancia, cualquiera estructura social caracterizada por la presencia fundamental de un (o unos) grupo dirigente y un (o unos) grupo dirigido, ha de conformarse de acuerso a pautas disgregadoras, descohesiva. Esta es la anomia. La conducta anómica es una pauta de comportamiento relativamente uniforme, suscitada con carácter inmediato por la estructura social competitiva (pasajera o permanentemente) y que conlleva la disociación entre las aspiraciones manifiestas y las aspiraciones latentes. En una estructura anómica, las normas del grupo son aceptadas formalmente, pero en tanto suponen una coartación de las aspiraciones latentes, se està dispuesto a marginarlas solapadamente para así conseguir, al fin, el objetivo reservadamente propuesto.

La estructura anómica no es, pues, una estructura abiertamente competitiva, declaradamente competitiva. No se puede negar que hay quien lo declara así, pero no siempre se acompaña de la consideración de que tal estructura social es fundamentalmente defectuosa. Casos tales, por demás frecuentes en la sociedad norteamericana, señalan el carácter radical de la competencia como forma de vida, pero cuidan de aderezarla con juicio positivo de valor (sin por eso olvidar -olvidarlo sería demasiado burdo- que hay quien perece en el camino, pero eso sí, como un accidente obligado de la vida misma). La estructura anómica tiene la vistud de contar con sus ideólogos, que suministran todo género de seudoargumentos para interpretar lo positivo y el carácter asimismo positivo que, en orde a la realización personal, la constante emulación supone. La verdad es que a tales ideólogos no se les alcanza que una posible consecuencia de la estructura anómica sea el incremento, cada vez más alarmante, de la tasa de suicidios, de la delincuencia (…), del alcoholismo y las toximanías (…) Cualquiera de estas pautas de conducta están de inmediato ligadas a la dinámica de la sociedad y a los modos de producción en ella vigentes.

El carácter competitivo de los mismos penetra -y ello es lo esencial, respecto del tema que tratamos- en los grupos y en los componentes de cada uno de ellos impidiendo la cohesión profunda interpersonal. Esta fuela, por muchos conceptos genial visión de Durkheim, a saber, que cuando la competencia existe se da la anomia como rasgo generalizado de comportamiento. Nadie se liga profundamente a nadie, porque en último término es un potencial competidor. Curiosamente, la anomia es disolvente de la lucha de los grandes grupos entre sí, y la lucha de clases, por ejemplo, deja de tener relevancia, por cuanto cada uno de los grupos oprimidos prefiere luchar desde sus propias aspiraciones no para conseguir la superación de la estructura anomica en su conjunto, sino para obtener, para ellos mismos, un puesto entre los grupos opresores.

La anomica subyacente conduce necesariamente a  la despolitización y a la no conciencia de la alineación en cada elemento de la sociedad dada (…). Y al propio tiempo, a la latente disgregación de los grupos e individuos, que, bajo el respeto de un cierto fair play, oscuramente pugnan entre sí a todos los niveles. (…) ”

Carlos Castilla del Pino, “La Incomunicación”, ediciones de bolsillo ediciones penínula.

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