¿Adiós al Congreso de Tipografía?

7CIT_muvimEl congreso pasa página después de 7 ediciones y con un descenso de la asistencia

Ya se ha terminado. El pasado domingo fue el último día del 7 Congreso Internacional de Tipografía (CIT) de Valencia 2016. Han sido tres días de repaso de propuestas relacionadas con la tipografía donde se ha podido disfrutar de un programa denso sobre el ámbito de la letra.

Si bien es cierto que el tema de la tipografía es ciertamente minoritario, nunca me ha dejado de sorprender el poder de convocatoria de estas jornadas. Desde el primer congreso en 2004, hasta el sexto del 2014, el auditorio de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Valencia se ha llenado con un público mayoritariamente llegado de toda España interesado por la tipografía.  No obstante, en esta séptima edición, se han puesto de manifiesto elementos diferenciales respecto ediciones pasadas que hacen prever cambios significativos en futuras ediciones, si es que las hay.

El primer elemento se hizo público en el acto de clausura con el anuncio de Raquel Pelta de abandonar la dirección del CIT. Incansable e inconformista Raquel Pelta deja el CIT por motivos personales y motivada por la necesidad de empezar nuevos proyectos.

Rodeada siempre de gente brillante, Pelta ha sido el elemento central desde el primer Congreso con un liderazgo indiscutible. Pero sobretodo es meritorio el hecho de haber creado un evento cultural exitoso, sobre una temática desconocida y haberlo mantenido durante 12 años en 7 ediciones. Pelta siempre recuerda que eso no es mérito suyo, sino la de su equipo y que durante los 12 años no todo ha sido fácil, también han habido momentos duros, como el fallecimiento repentino de Paco Bascuñan al 2009, cofundador y codirector del CIT.

El segundo elemento significativo respecto a ediciones anteriores ha sido un descenso considerable de inscripciones.

Los motivos que no haya asistido tanta gente como en ediciones anteriores son difíciles identificar. Hay que recordar que el congreso se desarrolla cada 2 años y el aforo medio de todos estos años es unos pocos centenares de personas. No obstante, en la mesa redonda “Doce años de Congreso de Tipografía” compuesta por el equipo organizador, se apuntaron algunas causas, como el aumento de la oferta de eventos de temática similar o el coste de la inscripción, por citar algunas.

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Pero más allá del relato descriptivo, permítanme trasladarles cual es mi punto de vista después de haber asistido a 6 de las 7 ediciones, hacer pública mi “diagnosis” y proponer un “tratamiento” que asegure la continuidad del evento.

Empiezo haciendo hincapié en una segmentación de la gente que asiste, desde un análisis empírico totalmente subjetivo:

En el CIT existen dos tipos de público: los incondicionales (dentro de los cuales me incluyo, que planifican su asistencia con meses de antelación y cuyos vínculos con el evento son fuertes) y el resto (gente que ha asistido en algún momento o más de uno).

Por tanto, en base a esta premisa y para que la asistencia sea mayor, lo que hay que hacer es contentar suficientemente al primer grupo (el de los incondicionales) y captar nuevo público y fidelizarlo. Entiendo que ésto es fácil de decir y difícil de hacer pero me gustaría poner de manifiesto que ser fiel a algo no va ligado necesariamente al conservadurismo sino más bien a la confianza. Es decir, contemplar el fracaso como una posibilidad y arriesgar es algo puede ser valorado por la persona que te da confianza. En esta línea es importante destacar que el CIT es un evento organizado sin ánimo de lucro y solo es posible gracias al trabajo voluntarioso de los organizadores, participantes y en último caso a los asistentes, que se les brinda la posibilidad de disfrutar del evento.

Otro elemento que me gustaría analizar es el aspecto fundacional del CIT, planteado como un lugar de encuentro de estudiosos, divulgadores y profesionales del ámbito de la tipografía. Esta premisa, la del encuentro creo que ha sido y es exitosa. No creo que exista ningún tipógrafo del ámbito nacional que no haya sido invitado en alguna edición. Además también han participado profesionales internacionales y se ha cumplido la premisa de ser un congreso internacional.

Merece la pena incidir en el estudio, divulgación y métodos de trabajo, porqué las formas de llevar a cabo estos mecanismos han cambiado de una manera radical en los últimos 15 años. Y la tipografía no es una excepción. Por tanto, más allá de la propia programación del congreso, con contenidos más o menos acertados para el asistente, creo que se hace imprescindible adaptarse a los nuevos tiempos para conseguir cualquier objetivo. Éstos cambios a los que me refiero no solamente afectan a un congreso fantástico como el CIT, sino a muchos por no decir la totalidad de ámbitos de la sociedad occidental. 

Por ejemplo, mencionemos lo que pasa en el mundo académico (entendiendo el término “académico” de manera coloquial y para delimitar un modelo de conocimiento basado en el libro y centros físicos creados por las más altas instituciones hace ya siglos). No hay duda de la decadencia en la cual están sumidas las escuelas, universidades y la enseñanza en general por su incapacidad al adaptarse a las posibilidades brindadas por las TIC a la hora de investigar, generar y difundir el conocimiento. Otro ejemplo de cambio lo podemos encontrar , el cambio de paradigma en la comunicación pública, donde se demuestra que la divulgación del conocimiento no tiene por qué ser aburrida, tediosa e incomprensible.*

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Estoy seguro que estas cuestiones, la organización del CIT las ha ido valorando edición tras edición y muestra de ello se ha podido comprobar en esta última, por ejemplo en las mesas redondas, donde se han manifestado implícitamente muchas de estas cuestiones (sobre la enseñanza, la investigación, la profesión de diseñar tipos…), donde han habido conferencias alejadas del mundo formal de la tipografía (por ejemplo la aplastante conferencia de Manuel Delgado) o han habido tutoriales de software en formato show como el de Erich Scheichelbauer .

imagenes: twitter.whotalking.com, Alicia García @plastina, twitter 7CIT

Casasín al VI Congreso Internacional de Tipografia 2014

Conferencia del tipógrafo Joan Carles Casasín en el Sexto Congreso Internacional de Tipografia de Valencia 2014.

El documento es una grabación clandestina realizada desde la platea del salón de actos con una cámara insertada en una pluma de cáñamo para no despertar sospechas. Durante los más de 30 minutos que dura charla, el tipógrafo desgrana los planes, estrategias y actividades que ha llevado a cabo en la clandestinidad desde hace décadas y que han repercutido a nivel mundial. Además y de modo excepcional, el tipógrafo no da a conocer únicamente su modus operandi, sino también desgrana detalles escalofriantes de sujetos que como él, se dedican cada día a realizar este tipo de trabajos por encargo.  Ver para creer!

El “eslabón perdido” del debate económico, por René Passet

JoanFontcuberta

imagen: “Conscientious” de Joan Fontcuberta

RENÉ PASSET
Texto publicado en Transversales Science Culture, nº 28, julio de 1996. Traducción del francés por Sara Echevarría y María Naredo, y publicada en la revista Archipiélago, nº 33, julio de 1996.

No hay progreso sin debate sin una lengua común. Pero los “maestrillos” de la economía denominada “ordodoxa” se contentan con discutir entre ellos. Jamás han anunciado y jamás han visto venir ni la mutación del sistema, ni los problemas de medioambiente, ni la necesidad de nuevos desarrollos: dejan de lado los hechos y no se interesan por nadie ajeno a ellos mismos. Encarnan la ciencia, simplemente porque son los más numerosos dentro de una comunidad científica de los economistas, se citan abundantemente unos a otros, quedando imbuidos de su propia importancia.

Sin embargo, un extraño “debate” se desarrolla entre una parte y otra de un foso: de un lado, aquellos que proclaman alto y fuerte las virtudes del liberalismo; de otro, aquellos que discuten. Los primeros disertan en un “latín” riguroso con sus conceptos y sus pilares fundacionales, y los segundos usan necesariamente otra lengua, dado que rechazan esas convenciones. Los dos discursos se ignoran, en lugar de enriquecerse mutuamente.

Los dominantes creían tener buenas razones para triunfar. La ola liberal de los años 80 y la más retrógrada microeconomía se apoyaron mutuamente y parecían haber desterrado definitivamente la economía keynesiana, marcada por el marchamo infamante del intervencionismo estatal. Fue el reino, en el plano político de Reagan y Thatcher y, en el plano teórico, de Friedman, Lucas, Laffter, Hayek (tardíamente redescubierto) o de Becker. Este último proclamaba la universalidad de una disciplina, susceptible de aplicarse de ahora en adelante a todas las actividades humanas: el matrimonio, el adulterio, la pida política. Cada individuo, por el hecho de ser racional, se comportaría como un empresario cuyo arte consiste en gestionar una simple función de producción.

La racionalidad, cuando va acompañada de una información perfecta, consigue llegar necesariamente al optimum optimorum. Un personaje ha de intervenir ahí, al menos sobre el papel: un “mediador”, primo cercano del Demonio de Laplace, que conoce y da a conocer las condiciones del mercado. La necesidad de un procedimiento centralizado dentro de un esquema de realización de un equilibrio que se supone “libre y espontáneo” parece poco coherente, lo que se trata de remediarse con la teoría denominada de las “expectativas racionales”.

Hagamos que todo individuo un pequeño “mediador”, una especie de visionario extra-lúcido que se comporte como la teoría -la verdadera, la buena, la ortodoxa- dice que debe comportarse. Las anticipaciones, dice Muth, al consistir en previsiones informadas sobre acontecimientos futuros, son esencialmente las mismas que las previsiones que haría la teoría. Fantástico, si la teoría dice lo que los individuos deben hacer y los individuos hacen lo que la teoría les dice, entonces ésta nos dice lo que hacen efectivamente los individuos. La teoría aparece así, de un solo golpe autovalidada y el “Teorema de la imposibilidad” de Gödel se ve súbitamente relegado al cuarto de los trastos viejos.

Todo gobierno, cuyas estrategias son comprendidas y ejecutadas inmediatamente por la racionalidad anticipadora de los agentes, se convierte en inútil. Dejemos, pues, actuar a los mecanismos de mercado y bendita sea la mano invisible que realiza tan grandes cosas.

Sin embargo, los mezquinos ayatollahs de este integrismo triunfador debieran mostrarse más modestos:

  1. El “arte” de repetir en otros idiomas lo que otros han escrito en “americano” no otorga validez científica al discurso: autoproclamarse está al alcance de todo el mundo.
  2. Cada vez que en la historia de las ciencias una escuela se ha definido como exclusiva, no ha significado más que su propio declive por la incapacidad de integrar -en un mundo que se mueve- todo aquello que no forma parte de ella. Ésta es una de las raras “leyes de la historia” que jamás ha conocido el fracaso.
  3. Combinar el discurso de la ideología liberal con un análisis teórico científicamente fundado no significa más que una subordinación en la que el segundo depende de la primera y depende de la anticiencia: ninguna doctrina ha sido suficiente para crear una doctrina.
  4. Y no insistamos en la pobreza de las hipótesis…

Una nueva microeconomía…

Sin embargo, desde finales de los años 70 se desarrolla una nueva microeconomía que, dentro del campo mismo del pensamiento ortodoxo, camina en paralelo con la precedente. No se trata propiamente de una escuela sino de una convergencia de una serie de trabajos. Los autores, apoyándose en los desarrollos recientes de la teoría de los juegos y sin obedecer a un programa global, diseñan progresivamente un paisaje nuevo.

Finalizando el simplismo de la hipótesis de partida en las que registraban de antemano las conclusiones a las que se quería llegar, “el objetivo de la nueva microeconomía -dice P. Cahuc en una reciente obra de síntesis-  es estudiar el comportamiento de los individuos racionales en un mundo donde la información no está totalmente disponible y donde las decisiones individuales no las coordina ningún “mediador”. Y nos encontramos con la sorpresa (pues la economía ortodoxa no nos había hablado de ello) de que la mano invisible parece haber desaparecido. En las situaciones donde no reina la competencia pura y perfecta y donde los “mediadores” ejercen sus habilidades sólo dentro de los límites escritos de las “salas de subastas”, el equilibrio no se consigue siempre; y cuando se establece no corresponde obligatoriamente con el “óptimo” de Pareto. En el célebre dilema del prisionero, por ejemplo, el único equilibrio posible es el que resulta del hecho de que los dos personajes, tomados individualmente, tienen interés personal en denunciar al otro, mientras que su interés colectivo sería declararse mutuamente inocentes.

Aún mejor, la economía así descrita se presta al despliegue de numerosos efectos perversos. Las imperfecciones y asimetrías de la información permiten la aparición de mecanismos de antiselección, según los cuales los compradores no se encuentras en disposición de discriminar las mercancías en función de su calidad (de no pueden apreciar, como es el caso de los vehículos de ocasión) de manera que prefieren adquirir las mercancías más baratas, al no percatarse de su menos calidad. Lo cual llevaría a la desaparición de los productos de buena calidad: según una especie de “Ley de Gresham generalizada” las mercancías de calidad inferior excluirían el mercado a las de calidad superior. Se constatan efectos parecidos en todos los casos (seguros, mercado de las reparaciones, etc.) donde existe una asimetría de información y donde el agente informado se beneficia de una renta de situación. El engaño, la mentida, el fraude… forman parte del juego. Nos encontramos lejos de la distribución socialmente óptica de los recursos.

…no exenta de debilidades

No todo es perfecto en este universo de pensamiento. Por una parte, se trata de una relectura de ciertas teorías económicas, más que descubrimientos nuevos. La mayoría de las teorías utilizadas en esta “nueva microeconomía” han nacido independientemente de ella: los primeros análisis del duopolio (Cournot) se remontan a a 1838; la noción de costes de transacción, retomada por Williamson en 1975, había sido definida por Coarse en 1937. Estas teorías, como la teoria de contratos y acuerdos y el estudio de las organizaciones, tienen entidad propia, independientemente del lugar que ocupan la síntesis, y se podrían multiplicar los ejemplos.

Pero no cabe reprochar a los analistas citados no ofrecer novedades que tampoco se habían prometido. Otras debilidades son más reales. Se trata, en primer lugar, de lo que podríamos definir como una especie de deriva instrumental que parece caracterizar la evolución contemporánea de la teoría económica hasta el punto de que, parodiando los signos externos de riqueza de las ciencias físicas, ésta organiza coloquios para preguntarse si es una “ciencia dura”… en el preciso momento en el que las más representativas de estas últimas -arrastradas a los confines extremos de la materia y de la energía- se preguntan si, por azar, no se convertirán en “ciencias blandas”. Se observa muy bien cómo puede producirse tal deriva. En un primer momento, la abstracción aparece como un recurso legítimamente indispensable para analizar la realidad observada. Después en un segundo momento, la abstracción comienza a cobrar vida propia: la reflexión económica lleva a modelos abstractos que giran  sobre lógica interna, sin referencia a la realidad que se debería fundar y justificar sus resultados. Por fin, en una tercera etapa la formalización matemática -indispensable para la elaboración de modelos- se convierte en el objeto principal de la reflexión. Poco a poco, el pensamiento se ha transportado a un “universo” que no tiene nada que ver con la economía ni real ni abstracta. El instrumento del instrumento, la matemática de los modelos, se ha convertido en el verdadero objeto de la ciencia económica.

La nueva corriente deriva, en parte, por este camino. Daremos dos ejemplos. La teoría de los juegos, en sus concepciones iniciales, nos habla del comportamiento de los agentes. Cada uno de sus criterios podía ser claramente asociado a una conducta: prudencia (“ninimax”), temeridad (“maximax”), sensatez, se expresan teniendo en cuenta las probabilidades y los riesgos (Bayes, Laplace, Hurwicz), indecisión (mínimo “remordiemiento” de Savage). Esto se mantiene válido, pero el eje del discurso se ha desplazado. Entonces entramos, en relación con la matriz donde se inscriben las ganancias y pérdidas potenciales de cada jugador, la existencia de estrategias dominantes, es decir, mejores que cualquiera de las decisiones de los adversarios, y estrategias dominadas, para las cuales existe al menos una actitud superior, teniendo en cuenta el comportamiento de los otros jugadores. Y el equilibrio aparece cuando existe una combinación de estrategias, en virtud de la cual la decisión de cada jugador es óptima. De hecho, el establecimiento de datos numéricos iniciales (de los que se parte sin más consideración) y el análisis de las consecuencias económicas que acarrean las diferentes estrategias deberían de constituir el núcleo de la reflexión, en vez de limitarla a caracterizar el tipo de equilibrio logrado.

De la misma manera, la teoría tradicional de oligopolio (Cournot, Stackelberg, Bowley…) nos hablaba no hace mucho  de la conducta de los agentes y de lo que resultaría para los ajustes del mercado. En lugar de eso, se nos habla ahora, una vez más, de la matriz: ¿Comporta un equilibrio? En todo caso del duopolio de Cournot, por ejemplo, ninguno de los participantes tiene interés en mantener su posición inicial “ya que se trata de un equilibio Nash“. La deriva parece imperceptible y sin embargo el discurso se ha desplazado del objeto hacia el instrumento: la teoría de los juegos nos habla de sí misma, con ilustraciones de connotación económica.

No es asombrosa, por tanto, una desviación hacia un tipo de casuística abstracta, pues la pluralidad de los factores que condicionan los ajustes y la sensibilidad del sistema -precio, cantidad, calidad de producto, coste de obtención de la información, reputación, consenso o conflicto, publicidad, etc.- determina una multiplicidad de combinaciones parciales cuya sucesión (y ni la adicción) no sabría restituir lo real. La letanía de casos, examinados uno detrás de otro hace pensar en los manuales medievales de confesores, que contenían una lista interminable de faltas, con todas sus variantes y sus penitencias correspondientes.

…pero más exenta de prejuicios ideológicos

Aun cuando fuera enteramente satisfactoria en su nivel de análisis, la nueva microeconomía, al igual que la antigua, sería incapaz de dar cuenta de los fenómenos macroeconómicos. Con  “mediador” o sin él, con información perfecta o imperfecta, los comportamientos colectivos no se reducen a la mera adicción de comportamientos individuales.

El hecho incuestionable, en economía como en otros ámbitos, sigue siendo que el paso de un nivel de organización a otro va acompañado de un cambio de lógica. Ello no excluye la búsqueda de razones “mico” para los fenómenos “macro”, pero condena definitivamente toda tentativa de reducir el comportamiento de un nivel a la lógica del otro. Esta actitud es la que califica de reduccionista.

Añadamos, por último, que esta economía -replegada en su propia esfera- no integra ya a la precedente, la lógica de las sociedades humanas o de sus relaciones con la biosfera. Se mantiene como una “ciencia de las cosas muertas”. Sobre muchos de estos puntos la mayor parte de los autores muestran una perfecta lucidez y una incontestable validez científica. Emiten dudas sobre el valor predictivo de sus conclusiones: explicar, dicen, las situaciones particulares multiplicando las hipótesis bien elegidas tiene el valor predictivo de sus conclusiones: explicar, dicen, las situaciones particulares multiplicando las hipótesis bien elegidas tiene el riesgo de terminar por no explicar nada. Dichos autores subrayan los límites de la racionalidad atribuida a los agentes, la ausencia de explicación de las “elecciones de estrategia”, el recurso a variables tan difícilmente evaluables como las creencias, y la dificultad suplementaria que constituye la toma en consideración de los entornos complejos.

En una palabra, el proceder teórico ya no sirve para justificar una ideología que camina clandestinamente en la sombra de una pseudocientificidad. Las conclusiones son las que son, el equilibrio existe o no existe, no se busca describirlo como óptimo cuando lo es. P. Cahuc no duda en declarar que se trata de “una teoría de la ineficacia de las transacciones de mercancías”, mientras que B. Guerrien denuncia “a la mayor parte de los teóricos neoclásicos que viven en la nostalgia de la competencia perfecta, de modo que no ponen en duda sus “virtudes” y estudian solamente las “imperfecciones” generadas por la existencia de sindicatos de trabajadores u otros “aguafiestas” que, desde su postura egoísta, impiden que se alcance una “situación óptima”.

Este debate de los economistas “ortodoxos”, aparentemente interno, nos interesa sin embargo a todos, pues “lanza un puente” por encima del abismo que separa a los interlocutores, hace que aparezca una especie de “eslabón perdido” entre los campos que no se comunican. La discusión puede hoy desarrollarse con las armas más recientes y sobre el mismo terreno de la ciencia denominada “normal”, en el sentido de Huhn. No es ya posible para los defensores a ultranza salir bien parados calificando a los otros de ignorantes. Al contrario, ya no pueden persistir en su ceguera rechazando los avances que sus propios instrumentos permiten realizar en su mismo terreno. Despojados del ropaje de la cientificidad exclusiva, aparecen desnudos -como realmente son- y desesperadamente aferrados a algunas hipótesis irrealistas que más tarde sorprenderá que hayan servido de base durante tanto tiempo a tantas elucubraciones.

Ingmar Bergman

Al hilo del post anterior dedicado al director de cine ruso Andrei Tarkovski me he animado a publicar otra película de un admirador suyo confeso como fue Ingmar Bergman¹

Se trata de la película “Smultronstället”, traducida en estas latitudes como “Fresas salvajes” y que relata el viaje de un médico anciano en compañía de su nuera y tres jóvenes para asistir a recoger un premio honorífico. Durante el viaje el protagonista reflexiona sobre la vida, la muerte y la existencia humana.

En el caso de querer visionar más obra del director sueco lo podéis hacer en el canal Art Cinema de youtube.


[¹]”Mi primer descubrimiento de Tarkovski fue como un milagro. De repente me hallaba junto a la puerta de acceso a un recinto en el que yo siempre había querido entrar, pero cuya llave jamás me había sido dada, y en el que Tarkovski se movía libre y confiadamente. Me sentí animado, estimulado: alguien había expresado aquello que yo siempre quise decir, sin saber cómo.Tarkovski es para mí el más importante. Ha creado un lenguaje nuevo, que se corresponde con la esencia del cine, porque presenta la vida como reflexión, la vida como un sueño”. (Dossier de presentación de Sacrificio Svenska Filminstitutet, Estocolmo 1986).

Entrevista a Andrei Tarkovski

A continuación transcribo una breve entrevista al director de cine ruso Andrei Tarkovski colgada en youtube con subtítulos en español. Desconozco donde se hizo, pero el cuando podría ser después del estreno de su primer film Andrei Rublev, a finales de los 60.

Andrei_Tarkovsky


-[…] La presión a la que se somete Rublev no es una excepción. Un artista nunca trabaja bajo condiciones ideales. Si existieran el trabajo del artista no existiría; el artista no vive en el vacío.

El arte nace de un mundo mal diseñado

Debe existir algún tipo de presión. El artista existe porque el mundo no es perfecto.El arte sería inútil si el mundo fuera perfecto ya que el hombre no buscaría la armonía, porque simplemente viviría en ella.El arte nace de un mundo mal diseñado. Esta es la cuestión de Rublev: la búsqueda de relaciones armónicas entre los hombres entre el arte y la vida, entre el tiempo y la historia. De todo eso trata mi película. Otro tema importante es la experiencia del hombre. En esta película mi mensaje es que es imposible transmitir la experiencia a otros, o aprender de otros. Debemos vivir nuestra propia experiencia, no la podemos heredar. La gente suele decir: usa la experiencia de tu padre. Pero una vez que la tenemos, ya no nos queda tiempo para usarla. Y las nuevas generaciones, con todo derecho, rehúsan a oirla. La quieren vivir, pero entonces también mueren. Esta es la ley de la vida, su verdadero significado: No podemos imponer nuestra experiencia a otras personas o forzarlas a sentir ciertas emociones insinuadas.

Sólo mediante la experiencia personal entendemos la vida

Sólo mediante la experiencia personal entendemos la vida. Rublev, el monje vivía una vida compleja: estudiaba con el maestro Radonevsky en la Santa Trinidad, pero vivía en desacuedo con sus enseñanzas. Veía el mundo a través de los ojos de su maestro. Solo al final de su vida pudo vivir a su manera.

Andrei ,¿qué es el arte?

-Antes de definir arte, o cualquier concepto, debemos responder a una pregunta mucho más abargativa:¿Cuál es el significado de la vida del hombre en la Tierra? Tal vez estamos aquí para enriquecernos espiritualmente. Si nuestra vida tiende a este enriquecimiento espiritual entonces el arte es un medio para llegar allí. Ésto, por supuesto, de acuerdo con mi definición de vida.

El conocimiento nos distrae de nuestro principal propósito en esta vida

El arte debe ayudar al hombre en este proceso. Algunos dicen que el arte ayuda al hombre a conocer el mundo como cualquier otra actividad intelectual. No creo en esta posibilidad de conocer. Soy casi un agnóstico. El conocimiento nos distrae de nuestro principal propósito en esta vida. Mientras más sabemos, menos sabemos. Al ir más profundo, nuestro horizonte es cada vez más estrecho. El arte enriquece las potencialidades espirituales del hombre. Y puede elevarse por encima de sí para usar lo que nosotros llamamos “libre albedrío”.

-¿Qué te gustaría decirle a la gente joven?

-Aprendan a amar la soledad, que estén más solos con ustedes mismos. El problema con la gente joven es su desenvolvimiento ruidoso y agresivo… acciones para no sentirse solo…Y eso es triste. El individuo debe aprender a estar consigo mismo desde chico. Pero eso no significa estar solo: significa no aburrirse con uno mismo que es un síntoma muy peligroso, casi una enfermedad.

[…]

entrevista en youtube


Primera parte de Andrei Rublev